Cuando los muertos no sean más que un simple recuerdo, un cúmulo de huesos o cenizas postrados en alguna urna o bajo tierra, quizás podremos ser participes de la vida que vamos dejando dÃa a dÃa, ser responsables de lo que nos falto por decir, lo que nos falto por hacer, y volver al cÃrculo vicioso del arrepentimiento....
Dormido bajo un cobertor y una sabana recién lavada llega al onÃrico viaje este legajo de palabras que se repiten constantemente, despierto cerca de las cinco con el sonido de un tráfico naciente, demasiado temprano para comenzar un dÃa que no tiene más brillantez que ver pasar las horas, que inventar circunstancias para dejar pasar el tiempo, como si el etéreo pidiese permiso para seguir su marcha inagotable, posible anhelo de pertenencia quién se sabe solo y alejado de las historias que acontecen fuera de su refugio, lo ojos arden, sÃntoma del desvelo continuo, se aprietan los párpados creando imágenes difusas para poder hacer una pequeña ofrenda a Morfeo y tenga la gentileza de robarnos un par de horas aunque sea...
Esfuerzos fallidos, de pronto una imagen aparece de una memoria que se creÃa marchita, la juventud y los rostros, las aventuras, los sueños muertos, el cuerpo recién estructurado, sin tantos vicios, sin tantos pesares que en realidad uno se los va haciendo a medida que los dÃas van marcando su tiempo en nuestras vidas, que el pelo crece, que las canas aparecen asà como las arrugas...
Continuara....
